5
de abril de 2022
Livia
Fernández Di Sipio, 3B
El virus del periodismo
Un homenaje a las voces que
marcaron la radio española
La
Sala de Conferencias de la Facultad de las Ciencias de la Información de la
Universidad Complutense acogía este homenaje al gran José Luis Pécker. En una
mesa sombría, aunque de ambiente alegre, la familia y amigos de Pécker
esperaban con ansia este acto para conmemorar la figura y el recorrido
profesional de una de las grandes voces de España.
El
acto, organizado por el profesor Arturo Gómez Quijano y uno de los hijos de Pécker,
Carlos Pécker, actualmente realizador en varios programas de televisión, recibía
la presencia de algunas decenas de alumnos y futuros periodistas. El alto
calibre del homenaje hubiera podido esperar más presencia de jóvenes curiosos,
sin embargo la sala tenia espacios libres que reflejaban la precariedad vigente
de la vocación periodística.
En presencia del vicedecano, Cristóbal Fernández,
se abría el telón del acto con unas palaras de Quijano: “Siendo este sector
maravilloso, el de los medios de comunicación, necesitamos tener referentes.
Necesitamos saber quién fue el pionero de Radio Televisión Española”. Pécker
nació en 1927 en Madrid, y en 2007 esta misma ciudad fue la que arropó su
fallecimiento. Su vocación lo llevó a trabajar como locutor de radio a una
temprana edad en lo que se convertiría su casa, la emisora Radio Madrid de la
Cadena Ser. Esto le permitió que lo sonidos que surgían de sus cuerdas vocales,
su voz, se convirtiese en una de las más conocidas y populares de la Cadena Ser
y del plano general de la radio española al fin y al cabo.
Camaleónica
y volcánica, así se ha definido la personalidad de Pécker por todos los
presentes. En un acto descrito como familiar, se reunían varios de los ocho
hijos que tuvo en total Pécker. Seis de ellos acabaron dedicándose a alguna de
las ramas que ofrece el periodismo. Beatriz Pécker es uno de los legados de
José Luis y no podía ser mejor representante para presidir el acto. Beatriz aceptaba
la división profesional y personal de la personalidad de su padre, pero a la
vez resolvía la pregunta del millón: ¿Tenía tiempo Pécker para estar con sus
hijos? La respuesta la tenía clara: sí. Y es que como decía Beatriz, mientras
el resto asentía, la vocación y la profesionalidad de Pécker parecía ser un
virus. Un virus que rápidamente se contagió a su entorno, llegando a cambiar el
futuro de sus hijos.
Aunque
para camaleónico el programa con el que compartió tiempo con el también
presente en el homenaje Fernando García de la Vega. “Un millón para el mejor”
(1968-1969) fue el inicio de una televisión distinta, que daría lugar a unos
años más tarde al programa del mismo director “Cambie su suerte”. Con ganas de
contar anécdotas, Fernando comenta lo atónitos que se quedaron al ver entrar al
plató a Rocío Jurado con ese escote en pico que se atrevía a llegar hasta su ombligo. Escena de la que Pécker
fue espectador, que esquivando la censura, convertía esos minutos en el inicio
de la apertura de nuestro país y la apertura de la memoria colectiva de la
sociedad española. Esos momentos fueron punto cave del país, y como su hijo
David afirmaba: “mi padre era un aficionado de España, y de los toros también”.
De la misma manera lo afirmaba Cristina, otra de los ochos hijos: “a mi padre
le gustaba mucho todo lo popular: el rastro, el entierro de la sardina, los
restaurante de mantel de papel…” Tanto es, que con Cita con el Sábado (de Radio Exterior de España), contestaba a
todas las cartas que le llegaban de gente que vivía en otros países, y
conectaba con España a través de este programa. “Todo lo que hacía, lo hacía
con pasión y entusiasmo”.
Pero esa no era su única afición. Pécker se
desvivió por el periodismo, podríamos incluso estribar en la idea de que se
desvivió por la Cadena Ser. Algo que le pasó factura cuando sin motivo aparente
lo echaron de la cadena.
Carmen
Pérez de Lama se ha convertido también en una de las voces más carismáticas de
nuestro país y compartió locutorio en Radio Madrid con Pécker. “Recuerdo la
impresión que me dio cuando empecé a trabajar con tu padre”, le comentaba a
Beatriz. “Me quedaba impresionada cuando hablaba Pécker, me quedaba
impresionada con su cultura y su preparación. José Luis era para mi gusto unos
de los de la primera fila, fue muy agradable trabajar con él”; dice entre risas
y en la reminiscencia de no acordarse de los detalles. Los años parecen pasar
con más agresividad en los cuerpos de los periodistas que en cualquier otro
oficio. Antigua alumna de la facultad que acoge el homenaje, Alicia López Budia
trabajó también en Radio Madrid acompañando a Pécker en los años 60. “Yo era
una especie de becaria que hubiese pagado yo misma por ver a mis ídolos
trabajar. La radio debía ser formación, información y entretenimiento. Madrid
en ese entonces era un pequeño Hollywood y esas estrellas que llegaban a la
ciudad serían entrevistadas en Cabalgata
Fin de Semana por Pécker”. Agradecía la necesidad y la celebración de este
acto: “Pécker tenía ductobilidad profesional, podía pasar de un tono alegre a
uno más formal, y controlaba los dos. Esto era José Luis Pécker. Gracias por
traerlo en primer plano en este homenaje”.
Pécker
era un hombre cercano. Así se descifraba en las imágenes y en los videos que
sus hijos presentaban y que acompañaban toda la ceremonia. Beatriz sonreía
melancólica ante estas imágenes. Sin embargo, no puedo interpretar la emoción
de Mari Carmen, hermana de Pécker, ya que durante todo el acto no se sacó ni un
segundo sus gafas de sol negras. Puede que para contener la emoción de la gran
figura de su hermano o puede que se deba a la simple estética folclórica que
aparentan compartir todas las mujeres españolas de su edad.
Beatriz
no deja de halagar a su padre. “Él vivía la radio con tanto entusiasmo, le
apasionaba y se lo pasaba tan bien que de alguna forma nos transmitió esa
pasión Él era tan apasionado de la radio que llegó a hacer ocho programas al
mismo tiempo. Es normal que nos contagiara como un virus esa pasión que él
vivía. La radio siempre estuvo presente en todas nuestras vidas”.
El homenaje concluye con la presencia del gran Luis del Olmo, que no ha dudado en dedicar unas palabras a su amigo: “la radio me ha dado tanto y tantos años de felicidad. Es un honor participar en este homenaje, a uno de los más grandes que ha tenido la radio nacional”. Con alguna que otra dificultad, Luis destaca lo que hacía de Pécker un personaje especial: “su señorío, su chispa, su improvisación, su cultura enciclopédica”. A la salida le pregunto sobre los años compartidos entre colegas: “Trabajar con José Luis Pécker era un sueño que tenía, y es un sueño incumplido. Yo estuve muy cerca de José Luis, pero cuando yo estaba en Onda Cero, él estaba en la Ser, cuando yo estaba en la COPE, él estaba en la Ser, cuando yo estaba en Radio Nacional, él estaba en la Ser… Nos ha separado esa distancia terrible, pero afortunadamente hemos charlado muchas veces y hemos coincido muchas veces en distintas circunstancias. Yo presumo de ser un cercano amigo de José Luis Pécker”. Me comenta su intención de hacer un homenaje parecido en Barcelona, donde José Luis tenía muchos cariños y muchos afectos. Ante el legado que cree que ha dejado y seguirá dejando José Luis Pécker se muestra indubitable y conciso: “Se volcaba sobre el micrófono y lo que decía. José Luis Pécker es un ser querido, respetado. Quiero decir que ha hecho la mejor radio del mundo o la mejor radio de la historia”.
De esta forma finalizaba la mañana de un jueves cualquiera. Aunque esa mañana podría ser el principio de un mensaje esperanzador hacia los futuros periodistas. Alguno que otro alumno salió de la sala con sed de curiosidad y con ganas de contar lo sucedido. Por que como decía Ana, otra de las hijas de Pécker, se debe ser curioso en el sentido de querer aprender lo que no conoces. Eso es fundamental para esta profesión. O al menos, antes aparentaba serlo.
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